El Mundial 2026 dejó una imagen que trasciende el resultado: hombres de alto rendimiento que expresan dolor, se abrazan, buscan apoyo y continúan. Desde la psicología, esos gestos amplían la idea de fortaleza masculina.
Por Lic. Itatí Ramírez Arguimbao – Psicóloga, MP 1645
El silbato final entregó un resultado. Las cámaras contaron algo más profundo.
Lionel Messi llorando junto al arco, Lautaro Martínez quebrado, Leandro Paredes con lágrimas sobre el césped y Lionel Scaloni emocionado frente a los micrófonos. Argentina había llegado a otra final del mundo y el dolor circulaba ante la mirada de millones de personas.
Estas escenas públicas jamás alcanzan para definir la intimidad psicológica de sus protagonistas. Su valor está en aquello que habilitan culturalmente: hombres admirados por su rendimiento mostrando tristeza, afecto, frustración y necesidad de apoyo.
Durante generaciones, muchos varones crecieron asociando la fortaleza con resistir en silencio, controlar cada emoción y resolver todo en soledad. Las nuevas masculinidades amplían ese repertorio: sentir, pedir ayuda, cuidar los vínculos, asumir responsabilidades y expresar afecto también son recursos de fortaleza.
Las emociones también necesitan líneas de pase
En el fútbol, un jugador que recibe la pelota bajo presión necesita compañeros que le ofrezcan opciones. Una mirada, un movimiento y una línea de pase permiten que la jugada continúe.
En la vida emocional sucede algo parecido.
Cuando una persona atraviesa dolor, frustración o incertidumbre, el apoyo de otros puede convertirse en esa línea de pase que ayuda a organizar la experiencia y recuperar estabilidad. Un abrazo, una palabra cercana o una presencia disponible favorecen la co-regulación: dos personas compartiendo recursos para atravesar un momento de intensidad emocional.
Por eso, los abrazos entre compañeros representan mucho más que una celebración deportiva. También expresan pertenencia, confianza y cuidado. El cuerpo comunica: “Estoy acá, atravesamos esto juntos”.
Desde la psicología, poner una emoción en palabras contribuye a ordenar la experiencia interna y regular su intensidad. La investigación sobre etiquetado emocional muestra que nombrar aquello que sentimos puede modificar nuestra respuesta frente al impacto emocional.

Scaloni: una autoridad que también se emociona
El liderazgo de Lionel Scaloni ofrece una analogía valiosa. Un director técnico organiza la estrategia, define límites, toma decisiones y sostiene al grupo. Al mismo tiempo, puede emocionarse, agradecer, reconocer el esfuerzo y compartir el impacto de una experiencia.
Durante el Mundial 2026, Scaloni fue visto con lágrimas luego de la remontada frente a Egipto y volvió a emocionarse tras la final ante España. También destacó públicamente el esfuerzo de sus jugadores y el orgullo por el recorrido realizado.
Desde una lectura psicológica, estas escenas muestran que autoridad y sensibilidad pueden convivir. La regulación emocional implica reconocer lo que sentimos y elegir una respuesta coherente con nuestros valores, incluso bajo presión.
Un líder que habilita la palabra, escucha y reconoce el impacto de las experiencias contribuye a construir seguridad psicológica. En el deporte, este concepto se relaciona con ambientes donde los atletas pueden expresar inquietudes, admitir errores y participar de conversaciones difíciles con respeto y apertura. Esa dinámica fortalece la confianza, el compromiso y la cooperación dentro del equipo.

Messi, De Paul, Dibu y el valor de mostrarse humanos
Las lágrimas de Messi, los mensajes de dolor compartidos por Rodrigo De Paul y las palabras de gratitud y orgullo del Dibu Martínez después de la final sumaron registros emocionales diversos.
En ellos aparecen el amor por la camiseta, la tristeza frente a una expectativa que se transforma, el reconocimiento del esfuerzo colectivo y la necesidad de elaborar lo vivido.
Cuando un niño o un adolescente observa a sus referentes deportivos expresar emociones, puede recibir un mensaje poderoso: la sensibilidad forma parte de la experiencia masculina. Un hombre puede competir intensamente, sentir miedo, llorar, abrazar a un compañero, pedir apoyo y continuar con sus responsabilidades.
Las nuevas masculinidades representan esa ampliación. Su objetivo consiste en sumar posibilidades emocionales y relacionales. Cada recurso nuevo ofrece una manera más saludable de responder ante el dolor, la presión y los conflictos.
La evidencia científica vincula los mandatos masculinos rígidos con mayores dificultades para buscar ayuda psicológica. Promover una masculinidad flexible favorece el reconocimiento temprano del malestar y el acceso a redes de apoyo.
Una construcción en movimiento
El cierre del Mundial también incluyó escenas de tensión e incidentes que continúan bajo investigación. Scaloni intervino para calmar al grupo y posteriormente surgieron gestos de disculpa y reparación.
Esta parte del relato vuelve la reflexión más real. Una masculinidad saludable se construye mediante el reconocimiento del impacto de las propias conductas, la responsabilidad afectiva, la reparación y el aprendizaje.
La transformación cultural ocurre dentro de situaciones concretas: una derrota, una discusión, un vestuario, una familia, una pareja o un grupo de amigos. Allí aparece la oportunidad de responder desde recursos más amplios.
La verdadera fortaleza se comparte
El recorrido de la Selección Argentina deja una enseñanza que supera el fútbol. La cohesión también se construye cuando los integrantes de un equipo pueden mostrarse humanos frente a los demás.
La fortaleza emocional tiene espacio para la tristeza, el afecto, la responsabilidad, la escucha y el cuidado. Reconocer el dolor permite procesarlo. Compartirlo permite atravesarlo en comunidad.
En la cancha y en la vida, las emociones circulan mejor cuando encuentran una línea de pase.
La fortaleza también se entrena: se nombra, se comparte y se abraza.
Lic. Itati Ramirez Arguimbao
Psicóloga – MP 1645
Posgrado en Trastornos de Ansiedad
Atención orientada al manejo de ansiedad, estrés y regulación emocional.
