7 octubre, 2026
Comodoro Rivadavia, Chubut
Medioambiente Sociedad

Camarones en alerta por el avance pesquero: advierten riesgos ambientales y reclaman planificación

La habilitación de la pesca comercial durante todo el año en la zona encendió cuestionamientos sobre el impacto que podría tener una operatoria más intensa en una bahía que también funciona como playa pública, espacio recreativo y área de alto valor ambiental. Técnicos y organizaciones reclaman información, controles y una discusión más amplia sobre el modelo de desarrollo local.

La ampliación de la actividad pesquera en Camarones abrió un debate que va mucho más allá de la producción. La posibilidad de sostener operaciones comerciales durante todo el año puso bajo la lupa la capacidad actual del puerto, su convivencia con el uso turístico de la bahía y los eventuales efectos sobre el ambiente y la fauna marina.

El planteo surge en una localidad donde el puerto comparte prácticamente el mismo espacio con la playa utilizada por vecinos y visitantes. Fuentes técnicas consultadas advierten que las dimensiones de la bahía y del muelle obligan a evaluar cuidadosamente cualquier incremento significativo del movimiento de embarcaciones, especialmente durante el verano.

Según esas fuentes, una mayor frecuencia de buques podría generar conflictos entre la operatoria portuaria y las actividades recreativas, además de exigir mayores controles sobre circulación, seguridad, residuos y servicios.

Una infraestructura que quedaría bajo mayor presión

Uno de los principales cuestionamientos apunta a la capacidad de la infraestructura existente para acompañar una actividad pesquera permanente.

Los especialistas señalan que un crecimiento de las operaciones debería estar acompañado por un sistema adecuado de gestión de residuos, servicios sanitarios, abastecimiento de agua, energía y controles ambientales. También remarcan la necesidad de contar con información pública que permita conocer cuánto residuo genera la actividad y cómo se gestiona.

La preocupación aumenta ante la posibilidad de que el crecimiento de la pesca de merluza derive en nuevas instalaciones vinculadas al procesamiento de las capturas. De concretarse, eso significaría mayores demandas sobre la infraestructura y los servicios locales.

El Gobierno provincial mantiene distintas resoluciones y disposiciones vinculadas a la actividad pesquera y sanitaria en Bahía Camarones, lo que confirma que se trata de un área que requiere controles específicos y monitoreo permanente.

El impacto ambiental, otro punto bajo análisis

A las dudas sobre la infraestructura se suman las advertencias ambientales.

Investigaciones del CONICET han documentado que determinados compuestos utilizados históricamente en pinturas antiincrustantes para cascos de embarcaciones pueden afectar a organismos marinos, especialmente moluscos, cuando se acumulan en zonas portuarias con tráfico marítimo. Entre los efectos estudiados se encuentran alteraciones reproductivas provocadas por compuestos como el tributilestaño.

Camarones se encuentra además en una región de enorme biodiversidad. El propio CENPAT desarrolla investigaciones en el área sobre pingüinos, delfines, aves marinas, pinnípedos, pesca artesanal y otros componentes del ecosistema del Golfo San Jorge.

Por eso, uno de los reclamos planteados por especialistas es que cualquier incremento del tráfico marítimo vaya acompañado por estudios que permitan conocer cómo podría afectar el ruido, la circulación de embarcaciones y la presión industrial sobre la fauna.

Turismo o pesca intensiva: el debate que empieza a tomar fuerza

Otro punto central es qué perfil de desarrollo pretende adoptar Camarones en los próximos años.

Sectores vinculados a la conservación recuerdan que durante años se proyectó al puerto también como una herramienta para potenciar el turismo y recibir embarcaciones de menor impacto sobre la bahía. Frente a la expansión pesquera, reclaman que esa transformación no avance sin evaluar previamente su convivencia con la actividad turística y con el uso cotidiano que la comunidad hace de la costa.

En ese marco, el coordinador de Sin Azul No Hay Verde, Juan Coustet, cuestionó además la falta de acceso público a información vinculada con permisos, embarcaciones, capturas y sanciones dentro de la actividad pesquera.

El planteo de la organización apunta a fortalecer la transparencia y el control ciudadano sobre un recurso público. También reclama conocer con mayor precisión cómo se fiscalizan prácticas como el descarte de especies acompañantes y qué sanciones reciben quienes incumplen la normativa.

Más allá de las posiciones en debate, la discusión que se abre en Camarones es más amplia: cómo compatibilizar producción, empleo, turismo y conservación en una bahía pequeña y ambientalmente sensible.

Para quienes advierten sobre los riesgos, el eje no pasa por rechazar la actividad pesquera, sino por exigir planificación, estudios ambientales, información pública y participación de la comunidad antes de profundizar un cambio que puede modificar definitivamente la relación del pueblo con su costa.