En el Día Mundial de la Anticoncepción, especialistas destacan avances en métodos de larga duración, pero advierten sobre las desigualdades en el acceso, la caída en el uso del preservativo y el aumento de las infecciones de transmisión sexual.
A 65 años de la aparición de la primera píldora anticonceptiva, el debate sobre anticoncepción ya no pasa solamente por qué métodos existen, sino por algo más profundo: quiénes pueden acceder a ellos, en qué condiciones y con cuánto margen real para decidir sobre su propio cuerpo y su proyecto de vida.
Cada 26 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Anticoncepción, una fecha que busca promover información precisa y el acceso a métodos seguros. Desde una perspectiva de género, esa discusión está directamente vinculada con la autonomía corporal, la salud sexual y reproductiva y la posibilidad de transitar la sexualidad sin coerción, miedo ni desigualdades. El Fondo de Población de las Naciones Unidas remarca que todas las personas deben poder tomar decisiones reproductivas libres e informadas y que el acceso a anticonceptivos forma parte de ese derecho.
En la Argentina, el marco legal reconoce el acceso a métodos anticonceptivos como un derecho y establece su cobertura en hospitales, centros de salud, obras sociales y prepagas. La oferta incluye preservativos, pastillas, inyectables, dispositivos intrauterinos, implantes y anticoncepción de emergencia, entre otras opciones.
Uno de los avances más significativos de los últimos años está vinculado con los métodos reversibles de larga duración, como el DIU y el implante subdérmico. La evidencia internacional sostiene que los DIU son métodos altamente eficaces y que, según el tipo, pueden brindar protección durante varios años.
La ampliación de la duración efectiva de estos métodos puede representar una mejora concreta para muchas mujeres y personas con capacidad de gestar, porque disminuye la necesidad de recambios frecuentes y facilita la continuidad del cuidado anticonceptivo. Sin embargo, su disponibilidad real depende también de que existan profesionales capacitados, información accesible y servicios de salud que garanticen la colocación y el seguimiento.
Otro de los cambios recientes es la incorporación de nuevas alternativas de anticoncepción de emergencia, que amplían las posibilidades frente a una relación sexual sin protección. En este punto, especialistas insisten en que la anticoncepción de emergencia no interrumpe un embarazo ya implantado y que su función es evitar o retrasar la ovulación.
El preservativo, un problema que va más allá del embarazo
El escenario actual también presenta una preocupación central: el descenso en el uso del preservativo y las dificultades para acceder a su distribución gratuita.
El preservativo sigue siendo el único método anticonceptivo que, además de reducir la posibilidad de un embarazo no intencional, ayuda a prevenir el VIH y otras infecciones de transmisión sexual. Por eso, las recomendaciones sanitarias sostienen la importancia de la doble protección: preservativo más otro método anticonceptivo cuando corresponda.
La preocupación cobra todavía más relevancia frente al crecimiento de las infecciones de transmisión sexual. Los datos oficiales muestran que la sífilis viene aumentando de manera sostenida en Argentina. Para 2025, el sistema de vigilancia registró decenas de miles de casos y confirmó una tendencia ascendente que se sostiene desde hace años.
La Organización Mundial de la Salud recuerda que los preservativos son una de las herramientas más eficaces para reducir el riesgo de transmisión de ITS cuando se utilizan de manera correcta y sistemática.
Anticoncepción también es autonomía
Mirar la anticoncepción con perspectiva de género implica dejar de pensarla como una responsabilidad que recae exclusivamente sobre las mujeres.
La posibilidad de evitar un embarazo no intencional, prevenir infecciones, planificar una maternidad o decidir no maternar requiere información, acceso a servicios y corresponsabilidad en los cuidados. También exige que las decisiones no estén condicionadas por barreras económicas, territoriales, familiares o culturales.
En ese sentido, el aniversario de la primera píldora anticonceptiva permite mirar cuánto cambió la salud sexual y reproductiva en las últimas décadas, pero también cuánto falta para que esas herramientas estén disponibles de manera equitativa.
Porque tener métodos anticonceptivos no alcanza si no existe la posibilidad concreta de elegirlos, conseguirlos y utilizarlos sin obstáculos ni prejuicios.
