9 agosto, 2026
Comodoro Rivadavia, Chubut
Sociedad

Las cartas que todavía no puede leer: Jorge Palacios y una vida atravesada por Malvinas

Jorge Palacios tenía apenas 18 años cuando fue enviado a Malvinas. En una profunda charla con César Bersais recordó la guerra, el regreso, el sueño futbolístico que quedó atrás y una herida que todavía emociona. “Yo todo el año vivo por y para Malvinas”, aseguró.

Hay recuerdos que el paso del tiempo no consigue borrar. Jorge Palacios puede contar con precisión dónde estaba, qué escuchaba, qué pensaba y hasta qué partido de fútbol se jugaba mientras alrededor suyo transcurría una guerra.

Veterano de Guerra de Malvinas, Palacios recibió al periodista César Bersais en su propia casa para una nueva edición de Charlas de Mate. Esta vez, incluso, el ciclo salió de su escenario habitual porque, como explica Bersais al comienzo, “valía la pena” ir hasta allí para escucharlo.

La conversación recorre casi dos horas y atraviesa la historia de Malvinas desde un lugar profundamente humano. No solamente la guerra, sino también aquello que ocurrió después: volver a casa con 18 años, intentar recuperar la vida que había quedado suspendida y descubrir que regresar físicamente no necesariamente significaba haber vuelto entero.

De las canchas de Newbery a Malvinas

Antes de la guerra, Jorge era un pibe de Comodoro Rivadavia que soñaba con el fútbol. Vivía en el barrio Ceferino y jugaba en Jorge Newbery. Había llegado a disputar partidos en Primera y había sido campeón en Cuarta, entonces la reserva.

Pero en 1982 llegó el servicio militar obligatorio. Primero recibió un telegrama que lo destinaba a Río Mayo y, poco después, otro que modificaba aquel destino: debía presentarse en el Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento.

Tenía 18 años. Lo que inicialmente parecía simplemente el cumplimiento del servicio militar comenzó a adquirir otra dimensión. Palacios recuerda entrenamientos extremadamente exigentes cuando apenas llevaban días incorporados. Con los años llegó a una conclusión: los estaban preparando para algo que ellos todavía desconocían. Ese “algo” era Malvinas.

El fútbol en medio de la guerra

Uno de los recuerdos más impactantes de la entrevista mezcla dos mundos que parecen imposibles de reunir: un Mundial y una guerra.

El 12 de junio de 1982, mientras Argentina enfrentaba a Bélgica en España, un cabo consiguió una vieja radio y llamó a Palacios para escuchar el partido.

Durante unos minutos, el fútbol consiguió sacarlo de allí.

“Como que me despejaba de ese momento de estar en la guerra”.

Pero duró poco. Apenas terminado aquel instante de evasión, comenzó un fuerte bombardeo.

“Al rato empezó un bombardeo tremendo y no paró más”.

La escena permanece intacta en su memoria: escuchar a Argentina por radio y, poco después, volver brutalmente a la realidad de Malvinas.

Días más tarde, cuando subió al buque Bahía Paraíso para regresar al continente, una de sus primeras preguntas también estuvo relacionada con el fútbol: quiso saber cómo había salido Argentina ante Hungría. Después miró hacia Puerto Argentino iluminado y observó los barcos ingleses. Fue la última imagen que se llevó de las islas.

Volver con 18 años

La guerra terminó, pero para muchos de aquellos jóvenes otra batalla recién comenzaba. Palacios intentó regresar al fútbol. Sus amigos iban a buscarlo a su casa con la pelota, como antes. Él quería salir, pero algo se lo impedía.

En Charlas de Mate logra poner en palabras aquello que entonces resultaba mucho más difícil explicar:

“Volvimos enteros físicamente, pero interiormente, emocionalmente, no era igual”.

Intentó nuevamente jugar, pero ya no pudo hacerlo de la misma manera. “No fue lo mismo”, reconoce al recordar el sueño futbolístico que había comenzado antes de Malvinas.

También habla de un regreso que estuvo lejos del recibimiento que esperaba. El abrazo estuvo en su casa: sus padres, familiares y amigos. Pero el reconocimiento social y estatal tardaría años. “Yo no me siento derrotado”, sostiene.

Las cartas de su mamá que todavía no puede leer

Uno de los momentos más conmovedores llega cuando Bersais le pregunta cómo logró atravesar aquellos primeros años.

La respuesta aparece inmediatamente: sus padres. Palacios conserva todavía las cartas que su mamá le enviaba mientras estaba en Malvinas. Pasaron más de cuatro décadas, pero muchas siguen siendo demasiado difíciles de leer.

“Yo sé que las tengo. Miré un poquito, una línea, y después no puedo mirar”.

Hace algunos años consiguió abrir una y leer apenas un párrafo. Su madre le explicaba que no había podido comprarle un pantalón que él quería porque su padre todavía no había cobrado.

Un detalle cotidiano, aparentemente pequeño, que más de cuarenta años después sigue teniendo una enorme carga emocional.

Palacios también habla de aquello que durante mucho tiempo permaneció silenciado: qué ocurrió con los veteranos después de la guerra. Recuerda que el reconocimiento nacional y la pensión llegaron casi una década después y señala especialmente la falta de acompañamiento durante aquellos primeros años.

“Cero apoyo moral, psicológico, terapéutico. Del gobierno, de nadie”.

Para Palacios, ese abandono tuvo consecuencias devastadoras entre muchos de sus compañeros. La propia organización de los veteranos fue conquistando espacios y derechos. También recuerda los comienzos de iniciativas que hoy convocan a miles de personas, cuando apenas unos pocos se reunían para sostener la memoria. “Sin apoyo de nadie”, repite al recordar aquellos primeros tiempos.

Una misión para el resto de su vida

Malvinas ocupa buena parte de la casa de Jorge Palacios, pero sobre todo ocupa un lugar central en su vida. Él mismo lo explica:

“Yo todo el año vivo por y para Malvinas”.

No quiere que la causa aparezca solamente alrededor del 2 de abril. Considera que quienes regresaron tienen una misión: malvinizar y recordar a quienes quedaron en las islas.

Por eso visita escuelas. Y allí encuentra quizá una de las formas más puras de reconocimiento. Cuenta que los chicos se acercan, los abrazan y les piden autógrafos. Una vez, un niño quiso que le firmara directamente el brazo y le dijo que no iba a bañarse para conservar la firma. El recuerdo todavía lo conmueve.

Y cuando Bersais le pregunta hacia el final por qué sigue sintiéndose orgulloso y por qué no se considera derrotado, Palacios vuelve al corazón de toda la entrevista.

Dice sentirse orgulloso de haber tenido que defender la Patria y pide algo aparentemente sencillo: memoria. “Que no nos olviden”. Y especialmente, que no sean olvidados quienes no regresaron: “Que nuestros muertos no hayan caído en vano”.

Palacios recuerda que tenían solamente 18 años, pero sabían dónde estaban y qué estaban haciendo. Hoy siente que su responsabilidad es transmitir esa historia a las nuevas generaciones: hablarles del amor a la Patria, de la familia y de quienes permanecen para siempre en Malvinas.

La entrevista completa de César Bersais a Jorge Palacios en Charlas de Mate permite escuchar mucho más que el relato de una guerra. Es la historia del pibe de Comodoro que quería jugar al fútbol, del hijo que todavía se emociona con las cartas de su mamá, del joven que volvió a casa con apenas 18 años y del hombre que, más de cuatro décadas después, asumió una misión que piensa sostener mientras pueda: recordar.

Porque, como dice Palacios, Malvinas no es solamente el 2 de abril. Para quienes estuvieron allí, Malvinas es todos los días.