11 septiembre, 2026
Comodoro Rivadavia, Chubut
Espectáculos Sociedad

Juanjo Velásquez presenta “Cuándo?”, un disco atravesado por la Patagonia, Cuba y el rock

Músico, compositor y productor nacido en Comodoro Rivadavia, Juanjo Velásquez construyó una trayectoria marcada por el cruce de géneros, ciudades y experiencias. Del rock de su adolescencia al folclore, de la formación en Cuba a la producción musical, hoy presenta “Cuándo?”, su nuevo trabajo al frente de Murumba.

Por Ariel Simonato

Juan José Velásquez nació en Comodoro Rivadavia y creció entre los barrios Ceferino y Pueyrredón. La música apareció muy temprano en su vida: a los ocho años comenzó a estudiar guitarra con el profesor Juan Calo y, apenas un año después, tuvo su primera experiencia frente al público durante una misa en la iglesia del barrio Ceferino. A partir de allí, ese vínculo inicial con el instrumento comenzó a transformarse en una vocación que, con el tiempo, lo llevaría a recorrer distintos géneros, escenarios y ciudades.

Durante la adolescencia formó parte de “Confusión”, una banda con la que comenzó a transitar el universo del rock. Más adelante, mientras cursaba parte del secundario entre la ENET y la Escuela de Arte, fue afirmando la decisión de dedicarse profesionalmente a la música. Así, en 1993 se instaló en Buenos Aires junto al baterista de aquella banda y comenzó una etapa de formación más intensa. Allí tomó clases con Daniel “Pipi” Piazzolla y luego estudió bajo con Willy González, al mismo tiempo que trabajaba en una distribuidora para poder sostenerse.

Sin embargo, hacia 1997 la falta de trabajo y las dificultades para abrirse camino profesionalmente lo llevaron a replantearse el rumbo. Fue entonces cuando apareció una propuesta decisiva de su padre: viajar a Cuba y estudiar en la misma escuela de música donde él se había formado. Juanjo aceptó y ese viaje terminó convirtiéndose en uno de los grandes puntos de inflexión de su vida artística.

Cuba y una nueva manera de entender la música

En la isla permaneció cerca de tres años entre estudio, trabajo y práctica musical. Allí tuvo la posibilidad de tocar con formaciones grandes, profundizar su vínculo con la percusión y acercarse de lleno a una tradición musical atravesada por raíces africanas, ritmos afrocubanos y una fuerte dimensión comunitaria.

La experiencia no sólo amplió sus recursos técnicos, sino también su manera de escuchar y pensar la música. Cuando regresó a Comodoro, a fines de los años 90 y comienzos de los 2000, ya traía consigo una formación distinta, una experiencia escénica mucho más amplia y una búsqueda artística que todavía debía encontrar su lugar.

Ese lugar apareció, paradójicamente, a través de un género que hasta entonces casi no había transitado: el folclore. Tras conocer a un músico vinculado al entorno de Los Carabajal, comenzó a tocar con él y, en cuestión de meses, pasó de Comodoro a Cosquín.

“Eso fue en octubre, más o menos, y para enero ya estaba en Cosquín, que fue mi primera gira. Nunca jamás en mi vida había tocado folclore, pero venía con mucho ejercicio de tocar. En Cuba tocaba con bandas grandes, venía con mucho ejercicio”, recuerda.

Aquella experiencia terminó abriendo una nueva etapa. Durante una de las peñas, un sonidista que trabajaba habitualmente con el grupo les propuso producir un disco y le pidió a Velásquez, que se desempeñaba como director musical, que se quedara a grabar.

De tocar por la comida a ensayar con León Gieco

En julio de 2002 decidió volver a Buenos Aires. Comodoro ya no terminaba de ofrecerle el espacio que buscaba y, después de varios años de actividad intensa, necesitaba reencontrarse con una escena musical más amplia. Sin embargo, esos primeros años en la ciudad fueron difíciles.

La familia había crecido, había un hijo que cuidar y los trabajos musicales no siempre alcanzaban. En ese contexto comenzó a tocar en peñas donde, muchas veces, la paga servía apenas para garantizar la comida y el transporte.

Fue justamente en una de esas noches cuando se produjo otro giro inesperado. Al bajar del escenario, un hombre se acercó para felicitarlo por su forma de tocar el bajo y le ofreció trabajo. Era Alejandro Tula, percusionista de Luis Salinas y del Chaqueño Palavecino.

“Yo ese día había ido a tocar por la comida y un peso para volver en bondi, y la persona que me había venido a hablar era Alejandro Tula. Ese domingo había ido a tocar por la comida y el otro domingo estaba ensayando con León Gieco, así de extremo fue”, recuerda entre risas.

A partir de ese momento comenzó una etapa de diez o doce años como músico sesionista, trabajando como bajista y acompañando a distintos artistas. Esa experiencia le permitió vivir de la música y, al mismo tiempo, ampliar todavía más su lenguaje musical.

La música como herramienta social

Con el paso del tiempo, y después de años de giras y escenarios, Velásquez comenzó a buscar una dinámica que le permitiera estar más cerca de su familia. Fue entonces cuando apareció la posibilidad de volver al sur para trabajar como coordinador musical de “Nuestro Lugar”, un proyecto de contención para adolescentes que se desarrollaba en Caleta Olivia, Pico Truncado y Las Heras.

Durante dos años alternó ese trabajo con su vida en Buenos Aires, hasta que más adelante ingresó al Ministerio de Cultura de la Nación, durante la gestión de Teresa Parodi, para formar parte de “La Huella Sudamericana”, un programa destinado a niños y jóvenes.

Allí asumió la dirección musical de un equipo amplio, coordinando a decenas de docentes y sedes distribuidas entre Buenos Aires y distintos puntos de la provincia. También participó en producciones junto a músicos como Leo Sujatovich y en contenidos vinculados a Paka-Paka, además de presentaciones en escenarios importantes como La Ballena Azul.

Para Velásquez, esa etapa amplió la concepción de la música más allá de la interpretación o la escena. La experiencia de trabajar con chicos, docentes y proyectos territoriales reforzó la idea de la música como herramienta de formación, contención y construcción colectiva.

Murumba, entre el folclore y las raíces cubanas

Murumba nació en 2006, aunque en un comienzo no estaba pensado como un proyecto de largo recorrido. La idea inicial era formar una banda para tocar covers de música cubana, mientras Juanjo continuaba ocupado con giras y trabajos ligados al folclore.

En paralelo, en 2007 fue convocado por la coplera salteña Mariana Carrizo para grabar los bajos de uno de sus discos. El trabajo se registró en Salta, en el estudio de Los Nocheros, y dos años después quedó seleccionado para los Premios Gardel como Mejor Disco de Folclore.

Con el tiempo, esa convivencia entre lenguajes que en principio podían parecer lejanos comenzó a revelar puntos de contacto más profundos. Para Juanjo, el folclore argentino y la música cubana comparten una relación con la tierra, la historia, las raíces y cierta dimensión espiritual.

“En el folclore y en la música cubana existe una conexión con raíces. No es que tengan entre sí un parentesco en cuanto a los esquemas rítmicos, sino que, en esencia, los dos remiten a las raíces”, explica.

Esa lectura fue consolidando una forma propia de entender la música: no desde los límites cerrados de un género, sino desde los cruces y las historias que cada lenguaje arrastra consigo.

La producción como una nueva etapa

Después de dejar el Ministerio de Cultura, en 2016 comenzó a profundizar su trabajo como productor musical. En ese proceso colaboró en la preproducción de discos de La Franela junto a Piti Fernández, exguitarrista de Los Piojos.

Velásquez recuerda esa etapa como una verdadera escuela. El trabajo junto a Fernández no sólo le permitió adquirir mayor experiencia en producción, sino que además terminó impulsándolo a componer letra y música con más decisión.

A partir de entonces, la composición propia comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante dentro de su recorrido y Murumba dejó de ser únicamente un espacio para reinterpretar repertorios ajenos.

“Cuándo?”, una síntesis de muchos caminos

Ese recorrido es el que hoy desemboca en “Cuándo?”, el nuevo trabajo de Murumba. Lejos de responder a un único género, el disco reúne rastros de todas las etapas que atravesaron la vida musical de Velásquez.

“Yo tengo mis orígenes en Comodoro, todos escuchábamos rock, mucho rock inglés. Después, en mi paso por Cuba, me apoyé mucho en la percusión. Además, me gusta mucho la música experimental y la música electrónica. Y creo que te podés encontrar con una mezcla de todo eso”, explica.

En ese cruce también aparece el folclore, junto con elementos urbanos, momentos cercanos al rap y pasajes de psicodelia. Más que una decisión estética calculada, esa diversidad parece surgir de manera natural de una trayectoria construida a partir de múltiples influencias.

Cuando le preguntaron cómo definiría su música, encontró una respuesta que sintetiza mejor que cualquier etiqueta ese recorrido: “Me siento un músico patagónico que se crió escuchando rock inglés, que estudió en Cuba y hace música en Capital Federal”.

En esa frase también parece estar la clave de “Cuándo?”: un disco que no busca borrar las distintas etapas de su historia, sino reunirlas. La Patagonia aparece como origen, Cuba como transformación, el folclore como aprendizaje y Buenos Aires como territorio de producción. El resultado es una obra donde todas esas experiencias conviven sin necesidad de responder a una sola identidad sonora.

Dónde escuchar a Murumba

Instagram: @murumbaok
YouTube: Murumba – Tema
Spotify: Murumba – Cuándo?