Desde este jueves 15 de enero, llega a Cine Coliseo Exterminio: El Templo de Huesos, la esperada cuarta entrega de la saga que Danny Boyle inició en 2003 y que cambió para siempre el cine de zombis.
Esta vez, el universo creado por Boyle y Alex Garland se expande y se vuelve todavía más oscuro bajo la dirección de Nia DaCosta, una de las voces más potentes del cine contemporáneo.
Ambientada 28 años después del brote que devastó el Reino Unido, la película muestra un mundo que ya no solo teme a los infectados, sino también a algo mucho más inquietante: la brutalidad de los propios sobrevivientes.
En esta nueva historia, el enigmático Dr. Kelson (Ralph Fiennes) queda atrapado en una relación que podría cambiar el destino de la humanidad, mientras que Spike (Alfie Williams) vive una pesadilla tras cruzarse con el carismático y siniestro Jimmy Crystal (Jack O’Connell). A este universo regresa además Cillian Murphy, retomando su icónico papel de Jim, el protagonista del film original.
Pero esta no es una simple historia de infectados. DaCosta empuja la saga hacia un terreno más perturbador, donde aparecen sectas, fanatismos y comunidades deformadas por el miedo. El llamado “Culto de los Jimmies”, con su estética uniforme y su devoción ciega, se convierte en una inquietante metáfora de cómo, cuando todo se derrumba, algunas personas prefieren adorar a un líder antes que pensar por sí mismas.

Rodada íntegramente en escenarios naturales, la película construye una atmósfera de devastación total. No se trata solo de sangre y caos: el verdadero horror está en ver hasta dónde puede llegar la humanidad cuando ya no quedan reglas. Como lo resume su directora: la pregunta no es qué hacen los infectados, sino qué hacemos nosotros.
Con música de Hildur Guðnadóttir, fotografía de Sean Bobbitt y un elenco de primer nivel que incluye a Aaron Taylor-Johnson, Erin Kellyman y Emma Laird, Exterminio: El Templo de Huesos promete ser una de las experiencias más intensas del año para los amantes del terror y la ciencia ficción.
Una película que no solo busca asustar, sino incomodar, sacudir y dejar pensando mucho después de que se encienden las luces de la sala.
