Científicas del CENPAT-CONICET encontraron nuevas evidencias genéticas que cambian lo que se sabía sobre la expansión de esta especie invasora. El crustáceo, detectado por primera vez en el Golfo San Jorge hace más de 25 años, ya alcanzó distintos puntos de la costa patagónica y puede generar impactos ambientales y económicos.
Una investigación realizada por científicas del Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus-CONICET) aporta nuevas pistas sobre cómo el cangrejo verde logró instalarse y expandirse por la costa de la Patagonia argentina.
Hasta ahora, una de las hipótesis era que la invasión había comenzado con una única introducción en el Golfo San Jorge y que, desde allí, la especie se había desplazado progresivamente hacia el norte. Sin embargo, los nuevos análisis genéticos indican que la historia sería bastante más compleja: distintos linajes podrían haber ingresado a la región en diferentes momentos y lugares.
El hallazgo resulta relevante porque los cangrejos verdes se encuentran entre las especies invasoras costeras más exitosas del mundo. Pueden modificar hábitats, depredar especies nativas y alterar las relaciones ecológicas. Su expansión también podría tener consecuencias sobre actividades económicas como las pesquerías y el turismo.
Del Golfo San Jorge hacia el norte
En la Patagonia argentina, el cangrejo verde fue registrado por primera vez entre 1999 y 2000 en el Golfo San Jorge. Una de las posibles vías de introducción señaladas es el agua de lastre de los buques.
Desde entonces, su presencia fue documentándose hacia el norte hasta alcanzar los golfos Nuevo, San José y San Matías.
La costa patagónica cuenta además con tres importantes puertos comerciales internacionales —Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn y San Antonio Este— considerados potenciales puntos de ingreso de especies marinas no nativas mediante el agua de lastre o organismos adheridos a los cascos de las embarcaciones.
Lo que reveló el ADN
El equipo integrado por Berenice Trovant e Irina Silva, del IDEAus, junto con Ivanna Tomasco, de la Universidad de la República de Uruguay, estudió el ADN mitocondrial de ejemplares encontrados en la costa patagónica.
Los análisis confirmaron la presencia de dos especies del género Carcinus: el cangrejo verde europeo (Carcinus maenas) y el cangrejo verde del Mediterráneo (Carcinus aestuarii).
Ambos fueron identificados genéticamente en sectores del norte de la distribución estudiada. En cambio, no se encontró ADN mitocondrial de C. aestuarii en el Golfo San Jorge, una ausencia que podría estar relacionada con las temperaturas más bajas de los sectores australes.
Pero uno de los datos que más llamó la atención surgió al analizar la diversidad genética.
Si todo hubiera comenzado con una sola introducción en el sur seguida de una expansión hacia el norte, sería esperable encontrar menor diversidad genética en las poblaciones más recientes. Los resultados mostraron otra cosa: en C. maenas se detectó una mayor diversidad hacia el norte.
Además, en C. aestuarii aparecieron dos haplotipos mitocondriales muy diferentes entre sí y relacionados con distintas regiones de su distribución original.
En conjunto, las evidencias son compatibles con la hipótesis de múltiples introducciones del cangrejo verde en la Patagonia.
Cangrejos que no son lo que parecen
La investigación dejó otro resultado llamativo: en una proporción importante de los ejemplares, la identificación realizada por su aspecto externo no coincidió con la obtenida mediante el análisis genético.
Esto abre nuevas preguntas sobre las poblaciones que actualmente habitan la costa patagónica.
Una de ellas es si podría existir hibridación entre ambas especies. El estudio no demuestra que ese proceso esté ocurriendo, pero los investigadores consideran que es una posibilidad que debería analizarse en futuros trabajos.
Según explicó Trovant, nuevas combinaciones genéticas podrían, bajo determinadas circunstancias, aumentar la capacidad de adaptación de las poblaciones invasoras y favorecer su establecimiento y expansión.
El desafío ahora será profundizar los estudios genéticos para reconstruir con mayor precisión cómo llegaron estos crustáceos, qué ocurre cuando diferentes linajes entran en contacto y qué implicancias puede tener su avance para los ecosistemas de la costa patagónica.
