Desde 2024, el ciclo Cuando Digo Sur reúne a vecinos de Perito Moreno para explorar su vínculo con el territorio a través de la escritura, la música, la pintura y recorridos por el paisaje. Este año, la experiencia propone seguir el camino del agua hasta el glaciar Zeballos.
¿Qué hace que un lugar se convierta en propio? ¿El tiempo vivido, los recuerdos, los paisajes o aquello que empezamos a extrañar cuando nos vamos?
Esas preguntas atraviesan Cuando Digo Sur, un ciclo impulsado por Parque Patagonia que desde 2024 convoca a personas de distintas edades de Perito Moreno para explorar, mediante el arte y las experiencias en el territorio, qué significa habitar este rincón de Santa Cruz.
La propuesta contempla cuatro encuentros, los viernes a las 18:00 en el espacio de extensión cultural de la Municipalidad de Perito Moreno, y combina escritura, música, pintura y otras expresiones artísticas.
Pero los talleres no se quedan puertas adentro. Una parte central de la experiencia consiste en salir al territorio, recorrerlo y observarlo desde otra perspectiva.

Del pueblo al glaciar Zeballos
Este año, el ciclo propone una nueva pregunta como punto de partida: ¿de dónde viene el agua?
A partir de allí, los participantes seguirán su recorrido hasta el glaciar Zeballos, buscando reconocer las conexiones entre ese paisaje aparentemente lejano y la vida cotidiana de Perito Moreno.
“El glaciar Zeballos está lejos de la vida cotidiana del pueblo, pero forma parte de un sistema que llega hasta nosotros de muchas maneras. Está en el agua, en los ambientes, en las especies, en la historia de la gente”, explica Rocío Navarro, coordinadora de Comunidades en Parque Patagonia.
La intención es dejar de pensar al glaciar únicamente como una postal para comprenderlo como parte de un territorio interconectado.
“Queremos empezar a tirar de ese hilo. Seguir el agua y ver qué conecta. Ver de dónde viene, por dónde pasa, qué sostuvo y qué sigue sosteniendo”, señala Navarro.

Conocer el territorio desde la experiencia
Las salidas permiten sumar dimensiones imposibles de registrar únicamente a través de una fotografía: el viento, el frío, las distancias, el esfuerzo de llegar y el tiempo que demanda recorrer el paisaje.
“Cuando estás ahí aparecen un montón de cosas que una foto no puede contener: el viento, la temperatura, el cansancio, el tiempo que te lleva llegar. Formás parte de esa escena, sos como un actor más”, describe la coordinadora.
La experiencia también permite conocer de dónde proviene el agua, qué especies habitan esos ambientes y qué historias permanecen vinculadas a ellos.
Desde esa perspectiva, el ciclo propone pensar la conservación no como algo ajeno a las comunidades, sino como parte del conocimiento y la relación cotidiana con el lugar que se habita.

Un espacio que fue creciendo con sus participantes
Cuando Digo Sur comenzó en 2024 y la respuesta de los vecinos permitió darle continuidad.
“La gente volvía, traía cosas, quería mostrar lo que había hecho, quería seguir. Se fue armando una continuidad bastante orgánica”, recuerda Navarro.
Algunos participantes permanecen desde las primeras ediciones y varios de los vínculos surgidos durante los talleres continuaron fuera de las actividades.
“Lo interesante es cómo fueron haciendo suyo el espacio”, destaca. De esa manera, la iniciativa dejó de ser solamente una propuesta organizada desde Parque Patagonia para comenzar a construirse también a partir de quienes participan.
Una generación que empieza a añorar la Patagonia
En ese proceso aparece una reflexión que excede al propio taller.
Perito Moreno, como muchas localidades santacruceñas, fue construida por generaciones de familias llegadas desde otros puntos del país y del mundo. Durante décadas, muchos habitantes hicieron su vida en la Patagonia mientras conservaron la nostalgia por sus lugares de origen.
Navarro observa un cambio generacional.
“A muchos de nuestros abuelos, e incluso a nuestros padres, les pasó que vivieron acá pero siguieron añorando sus lugares de origen. Nosotros, en cambio, empezamos a añorar este sur cuando nos vamos. Estos paisajes son los que sentimos propios”.

Cuando Digo Sur busca justamente abrir un espacio para expresar ese sentimiento y construir un relato desde el propio territorio.
Porque quizás el arraigo también pueda reconocerse de una manera sencilla: irse por un tiempo y descubrir cuál es el paisaje que empezamos a extrañar.
