La referente del Comedor Mi Lugar del barrio Abel Amaya, Marion Pérez, alertó sobre el aumento de la demanda de ayuda alimentaria y describió un escenario social cada vez más complejo, marcado por la falta de empleo, las dificultades para afrontar los servicios básicos y el impacto de la crisis en la alimentación de niños y adultos mayores.
Pérez explicó que el trabajo que realizan desde la institución va más allá de la entrega de alimentos, ya que buscan acompañar a las familias durante períodos prolongados hasta que logren mejorar su situación económica.
“Nosotros asumimos un compromiso y una responsabilidad cuando las familias vienen a pedir ayuda. Decidimos acompañarlas durante el tiempo que sea necesario hasta que puedan cambiar su situación”, señaló.
Sin embargo, advirtió que cada vez son menos los hogares que logran superar las dificultades y que, por el contrario, la demanda de asistencia aumentó un 30% en el barrio. “El pedido tiene que ser respondido ahora, no para mañana ni para pasado”, remarcó.
La referente indicó que actualmente las necesidades son más urgentes que en años anteriores. “Antes las familias pedían leche o aceite porque el resto lo podían solventar. Hoy te piden fideos o arroz, directamente no tienen nada. Eso es triste y doloroso”, expresó.
Según detalló, esta situación genera un deterioro nutricional que impacta directamente en la salud y en el rendimiento escolar de los niños. “¿Cómo le exigís a un niño que esté atento cuatro horas en la escuela, más con el frío que hay en la Patagonia, si muchas veces no tiene una alimentación adecuada ni calefacción en su casa?”, cuestionó.
Pérez relató además que en algunos hogares las familias recurren a quemar pallets o incluso ropa para calefaccionarse durante los días más fríos. También observó que las redes de ayuda entre vecinos se han debilitado debido a que muchas familias atraviesan dificultades económicas simultáneamente.
“Antes las mismas familias se acompañaban entre sí. Hoy es imposible porque a veces un solo integrante sostiene económicamente a abuelos, tíos, primos y el resto está sin trabajo”, explicó.
Otro de los problemas que detectan desde el comedor está relacionado con el pago de los servicios. “Tenemos familias y jubilados que no pueden pagar la luz. Muchas veces priorizan pagar los servicios y dejan de lado la alimentación”, afirmó.
Frente a este panorama, Pérez apeló a la solidaridad de la comunidad para sostener tanto el comedor como las actividades de contención que desarrollan para niños y adolescentes.
“Todo suma. A veces la gente piensa que es poco, pero si todos colaboramos con un poquito lo logramos y no se hace tan pesado”, sostuvo.
Las donaciones pueden realizarse con alimentos, especialmente carne, pollo, arroz, fideos y productos no perecederos. También reciben ropa de abrigo, frazadas, sábanas y camperas.
Además, el comedor impulsa una escuelita de fútbol destinada a adolescentes del barrio. “Pudimos concretarla este año, pero representa un gasto más para el proyecto. La hora de cancha cuesta 40 mil pesos y por ahora solo podemos entrenar una vez por semana porque no nos alcanza para sostener dos jornadas”, explicó.
Quienes deseen colaborar pueden hacerlo mediante el alias “Merendero en Mi Lugar”, a través de las redes sociales Comedor Mi Lugar Oficial en Facebook e Instagram, o comunicándose al teléfono 297-509-2888.
“Gracias a la comunidad podemos sostener este proyecto que ilumina a las familias en momentos de tanta desolación. Los chicos son el futuro y por ellos seguimos trabajando”, concluyó Pérez.
