La violencia machista continúa cobrando vidas en todo el país. De acuerdo al Informe Anual 2025 del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, durante el último año fueron asesinadas 247 personas por razones de género.
Lejos de ser hechos aislados, los datos confirman que el femicidio sigue siendo una expresión extrema de una violencia estructural y sistemática contra mujeres y diversidades.
El relevamiento, que abarca del 1 de enero al 31 de diciembre de 2025, identifica distintas formas que adopta esta violencia letal:
200 femicidios directos,
17 femicidios vinculados,
4 transfemicidios,
9 suicidios feminicidas,
17 muertes en contextos de narcotráfico y crimen organizado, donde la violencia de género también está presente.
Aunque el informe señala una leve disminución respecto del pico registrado en 2023, advierte que la violencia se mantiene constante: en ningún mes del año se registraron menos de 15 femicidios, lo que evidencia que no se trata de episodios excepcionales sino de una continuidad alarmante.
Una violencia cotidiana y previsible
En términos concretos, las cifras muestran que en 2025 una mujer fue asesinada cada 35 horas en el país. Este dato no habla de imprevisibilidad, sino de una violencia anunciada, que ocurre de manera reiterada y que, en muchos casos, pudo haber sido prevenida con políticas públicas eficaces y respuestas estatales oportunas.
El hogar, el lugar más peligroso
El informe vuelve a desarmar uno de los mitos más persistentes: el principal riesgo para las mujeres no está en la calle, sino en su entorno íntimo.
El 60% de los femicidios ocurrió en la vivienda de la víctima o en el domicilio compartido con el agresor, y en el 84% de los casos existía un vínculo previo, mayoritariamente parejas o exparejas. Solo el 5,5% de los crímenes fueron cometidos por personas desconocidas.
Estos datos refuerzan la necesidad de medidas de protección tempranas, dispositivos de alerta efectivos y un sistema judicial que actúe antes de que la violencia escale hasta el asesinato.
Infancias atravesadas por el femicidio
La violencia machista no se detiene en la víctima directa. Durante 2025, 133 niñas y niños quedaron sin madre, una consecuencia que el informe identifica como una de las heridas sociales más profundas y menos reparadas del femicidio.
Territorios desiguales, riesgos desiguales
En números absolutos, la provincia de Buenos Aires concentró la mayor cantidad de casos (95), seguida por Santa Fe (30). Sin embargo, al analizar las tasas en relación con la población femenina, las provincias con mayor riesgo estructural fueron Santa Cruz, Misiones y Neuquén, lo que evidencia desigualdades territoriales en el acceso a políticas de prevención, protección y justicia.
Más que estadísticas: una deuda del Estado
El Observatorio —creado en 2016— subraya que estos datos deben ser leídos como una herramienta de exigibilidad de derechos. Cada femicidio es también una falla del Estado: en la prevención, en la protección, en la respuesta judicial y en las políticas de cuidado.
Esta realidad adquiere un peso aún más cercano y doloroso en el presente. En estos días, el femicidio de Valeria Schwab en Comodoro Rivadavia conmociona a la ciudad y a toda la provincia del Chubut, recordando que los números tienen nombre, rostro y una comunidad que queda marcada para siempre.
Hablar de femicidios no es solo contar muertes: es nombrar una violencia que tiene raíces en la desigualdad de género, exigir respuestas estructurales y sostener una verdad incómoda pero urgente: mientras no haya políticas integrales, prevención real y justicia con perspectiva de género, la lista seguirá creciendo.
