4 abril, 2026
Comodoro Rivadavia, Chubut
Patagonia

Volvió a Camarones y hoy protege el mar: la historia que inspira a toda una generación

En tiempos donde muchos jóvenes buscan oportunidades lejos, Lautaro Comesaña eligió volver. Tiene 25 años, nació en Trelew, pero encontró su lugar en Camarones, donde hoy dedica su vida a algo mucho más grande: proteger el mar y su biodiversidad.

En el marco del Día Mundial del Rewilding, su historia se vuelve símbolo de una nueva generación que no solo sueña con un futuro mejor, sino que decide construirlo desde el territorio.

“En 2017 vinimos a Camarones y seguí el secundario en la nocturna mientras trabajaba en kioscos o limpiando patios”, recuerda sobre sus comienzos, marcados por el esfuerzo y la búsqueda.

Tras una experiencia en Puerto Madryn, donde trabajó en el puerto y en turismo, sintió que algo faltaba. El llamado del mar fue más fuerte. Y volvió.

De changas a cuidar la naturaleza

Su ingreso al Parque Patagonia Azul no fue inmediato ni planificado, pero sí transformador. Empezó como anfitrión en campings, recibiendo turistas, hasta que el contacto diario con la naturaleza lo cambió todo.

“Ahí me di cuenta de que lo mío estaba en el campo, cerca del mar”, cuenta. Hoy, como técnico de campo en Rewilding Argentina, participa activamente en tareas clave para la conservación.

Su trabajo incluye el monitoreo de pingüinos de Magallanes, el uso de cámaras trampa para detectar especies invasoras y hasta campañas nocturnas de pesca científica para estudiar tiburones, que luego son marcados y liberados.

Vivir en las islas, entre ciencia y naturaleza

Gran parte de su rutina transcurre en las islas Tova y Tovita, en jornadas intensas que combinan esfuerzo físico y conexión con el entorno.

“Salimos a la mañana, recorremos, revisamos cámaras… hay mucha caminata, música y después comemos todos juntos”, relata. El equipo, asegura, ya es como una familia.

Pero más allá de la rutina, hay momentos que lo marcaron para siempre. Uno de ellos fue el encuentro con un tiburón gatopardo.

“Fue una locura ver un animal tan majestuoso”, dice. Ese instante, cara a cara con la fauna marina, terminó de confirmar que estaba en el lugar correcto.

Elegir quedarse para cuidar

Hoy, Lautaro vive rodeado de atardeceres que describe como “los mejores que vio en su vida”, mientras trabaja en la protección de especies y ecosistemas únicos del mar chubutense.

Su historia no es solo personal: es un mensaje. Demuestra que no siempre hay que irse lejos para encontrar un propósito, y que cuidar el lugar donde uno pertenece también puede ser un camino.

En un mundo que empuja a migrar, Lautaro eligió volver. Y en ese regreso, encontró algo más profundo: una forma de vida con sentido.