Un estudio científico encendió una señal de alerta en la costa patagónica: la cantidad de especies exóticas marinas se triplicó en el puerto de Puerto Madryn en los últimos once años, desplazando a San Antonio Este como el sitio con mayor nivel de invasión biológica de la región.
La investigación fue realizada por especialistas del IBIOMAR-CONICET y del CENPAT, y se centró en el análisis de invertebrados y macroalgas marinas en dos puertos estratégicos de la Patagonia: Puerto Madryn (Chubut) y San Antonio Este (Río Negro).
El trabajo estuvo liderado por la bióloga Karen Castro, quien combinó métodos de muestreo de fouling, paneles de reclutamiento y, por primera vez en estos puertos, el análisis de sedimentos para relevar organismos infaunales. El resultado fue contundente: entre ambos puertos se detectaron 30 especies exóticas y 7 criptogénicas, con 15 nuevos registros respecto a estudios previos.

“Hace once años San Antonio Este era el puerto más invadido de la Patagonia. Hoy ese lugar lo ocupa Puerto Madryn”, explicó Castro. Entre las principales causas, el estudio señala el fuerte incremento del tráfico de buques internacionales, una de las vías más relevantes de introducción de especies invasoras.
Otro dato significativo es que ambos puertos casi no comparten especies exóticas, lo que sugiere comunidades invasoras diferenciadas, en parte porque no existe un flujo marítimo intenso entre ellos.

En Puerto Madryn se registró un crecimiento notable de ascidias y briozoos, mientras que en San Antonio Este, aunque el número total de especies se mantuvo relativamente estable, cambió la composición. Allí aparecieron organismos como la ascidia Styela clava y el alga Undaria pinnatifida, especies formadoras de hábitat que pueden modificar de manera profunda la estructura del ecosistema.
El estudio —realizado junto a investigadoras e investigadores del IBIOMAR-CONICET y del CIMAS— subraya la importancia del monitoreo permanente en zonas portuarias y la necesidad de fortalecer la identificación taxonómica. “Hay grupos muy complejos, como los poliquetos o las esponjas, donde sin especialistas es imposible saber si una especie es nativa o exótica”, advirtió Castro.
Las conclusiones refuerzan una idea clave: las invasiones biológicas avanzan de forma silenciosa bajo los muelles, y el conocimiento científico es una herramienta central para anticipar impactos, proteger la biodiversidad y diseñar políticas de prevención en los ecosistemas costeros.
