La llegada de “Qué perforado está mi valle” a Comodoro Rivadavia abre una discusión que excede al documental: qué queda en los territorios después de décadas de explotación hidrocarburífera, qué responsabilidades persisten cuando las operadoras se retiran y quiénes participan en la definición del futuro productivo de la Cuenca del Golfo San Jorge. La película se proyectará este lunes 5 de octubre en el Cine Teatro Español, con entrada libre y gratuita.
Comodoro Rivadavia fue construida alrededor del petróleo. Durante más de un siglo, la actividad hidrocarburífera atravesó su economía, el empleo, el crecimiento urbano y buena parte de las decisiones políticas de la región. Pero ese vínculo histórico también dejó otra discusión que hoy adquiere renovada fuerza: qué beneficios permanecen en los territorios productores, cómo se responde frente a los impactos ambientales acumulados y bajo qué condiciones debería continuar la explotación de los recursos naturales.
En ese contexto llega Qué perforado está mi valle, documental producido por Revista Crisis y el Observatorio Petrolero Sur (OPSur), que se proyectará este lunes 5 de octubre, a las 20 horas, en el Cine Teatro Español. La función será con entrada libre y gratuita y contará luego con un espacio de conversación junto a Hernán Scandizzo, de OPSur, y Nicolás Perrupato, de Revista Crisis. La actividad es organizada por la Mesa Eduardo Cabezas y acompañada por Comodoro Conocimiento, Sudestada S.R.L. y Hotel Lucania.

La película se sitúa en el norte de la Patagonia, donde el avance del fracking comenzó a modificar un territorio históricamente ligado a la producción frutícola y atravesado por los ríos Limay, Neuquén y Negro. Allí, la expansión hidrocarburífera puso en tensión actividades productivas, disponibilidad de agua y formas históricas de habitar el territorio. Sin embargo, para quienes impulsan su proyección en Comodoro, mirar esa experiencia también permite formular preguntas sobre lo que ocurre en la Cuenca del Golfo San Jorge.
“La película aborda lo que es el avance de la frontera petrolera, o el fracking, en todo el Valle de Río Negro, y nos coloca en una discusión que es pertinente también para nuestra Cuenca”, explicó Renata Hiller en diálogo con Con Sello Patagónico. Aunque las historias productivas son diferentes, considera que existen interrogantes comunes acerca de la manera en que los territorios intervienen sobre las decisiones vinculadas con sus recursos y sobre el reparto de los beneficios de la actividad.
Hiller remarcó además que el documental muestra experiencias de comunidades que decidieron participar activamente frente a esos procesos. “Vamos a encontrarnos con comunidades que se han plantado frente a estos avances y hay alternativas”, señaló. Para ella, una de las dimensiones importantes de la película es justamente mostrar “la capacidad de incidencia de las comunidades” frente a decisiones que muchas veces parecen quedar reservadas a empresas y gobiernos.

YPF, la salida de operadoras y lo que queda en los territorios
El debate adquiere una dimensión especialmente local en momentos en que la Cuenca atraviesa la salida y reconfiguración de compañías que durante décadas tuvieron una presencia central en la región. “Hoy mismo estamos viendo la retirada de YPF y de otras empresas que operan en nuestra Cuenca”, planteó Hiller, vinculando ese proceso con una discusión mucho más amplia acerca de las consecuencias económicas, sociales y ambientales que permanecen en los territorios productores.
En ese punto lanzó uno de los planteos políticos más fuertes de la entrevista: “La energía sigue siendo un factor de desarrollo, pero lamentablemente con muy pocos dividendos para las regiones que la producen”. La afirmación pone el foco no solamente sobre cuánto petróleo se extrae o cuánto tiempo permanece una compañía en un área, sino sobre la relación entre la riqueza generada, las comunidades que sostuvieron esa producción durante décadas y las responsabilidades que permanecen cuando la explotación cambia de manos o deja de resultar atractiva para una operadora.
Para Hiller, esa discusión tampoco puede reducirse a una oposición entre petróleo sí o petróleo no. “Nadie dice no a la extracción de petróleo o no a la producción de energía, sino sí a poner condiciones que hagan que esa explotación no solamente sea favorable para las empresas, sino también para las comunidades”, sostuvo. El interrogante pasa entonces por quién fija esas condiciones, qué capacidad regulatoria tiene el Estado y qué lugar ocupan los habitantes de los territorios afectados al momento de definirlas.
Reparación ambiental, causas judiciales y participación política
La proyección también se inscribe en el trabajo que la Mesa Eduardo Cabezas viene realizando alrededor de las causas impulsadas por superficiarios y los reclamos de reparación ambiental. Durante la actividad, quienes asistan podrán acompañar con su firma el pedido de unidad de esas causas, buscando que los expedientes judiciales no sean vistos únicamente como conflictos individuales, sino como expresiones de una problemática que alcanza al territorio en su conjunto.
La convocatoria pretende además ampliar los actores involucrados. Hiller señaló que el debate debería interpelar a gremios, funcionarios, sectores vinculados a la industria y también a quienes pueden sentirse alejados de estas discusiones. El planteo introduce una dimensión claramente política: los pasivos ambientales, las condiciones impuestas a las operadoras y el destino de los recursos no constituyen solamente asuntos técnicos o judiciales, sino decisiones sobre un modelo de desarrollo y sobre la distribución de responsabilidades entre empresas, Estado y sociedad.
La película permite, en ese sentido, trasladar la discusión desde los expedientes individuales hacia una pregunta colectiva. Si los efectos de la explotación exceden los límites de un yacimiento o de una propiedad particular, también las respuestas requieren una mirada territorial. “Lo que la película también nos viene a mostrar es esta dimensión global”, sostuvo Hiller al referirse a problemáticas que aparecen con características distintas en diferentes regiones, pero que comparten interrogantes sobre energía, recursos naturales y capacidad de decisión de las comunidades.

Del pasivo ambiental a la necesidad de “reimaginar el futuro”
Sin embargo, Hiller advierte que centrar toda la discusión en los daños acumulados también puede encerrar a la región en una mirada exclusivamente retrospectiva. “Quizás uno habla de remediación, del pasivo, como si estuviéramos hablando de algo en relación al pasado”, planteó. Su propuesta es que la reparación ambiental sea también el punto de partida para pensar qué modelo productivo puede construirse después de más de un siglo de dependencia hidrocarburífera.
“Lo que estamos planteando con esto es que lo que es necesario es reimaginar el futuro”, afirmó. Para Hiller, esa discusión debería permitir pensar “qué matriz productiva queremos desarrollar a futuro”, sin suponer necesariamente una desaparición de los hidrocarburos, pero sí una revisión profunda de las condiciones bajo las cuales continúa la actividad. “Seguramente no va a ser ajena a los hidrocarburos, pero sí puede ser bajo otras condiciones”, explicó.
Ese futuro, agregó, también puede construirse mediante la valorización de recursos y actividades que durante décadas quedaron subordinados al petróleo. Entre ellos mencionó especialmente el agua y la posibilidad de discutir otras alternativas productivas para la región. La pregunta ya no es entonces únicamente cómo reparar lo que quedó, sino qué actividades pueden convivir en la Cuenca y cómo lograr que el desarrollo se traduzca en mejores condiciones para quienes habitan cotidianamente el territorio.
Una discusión ambiental que es también una discusión de poder
Qué perforado está mi valle parte del avance de la explotación hidrocarburífera sobre una región agrícola, pero la discusión que propone rápidamente excede esa experiencia. Hablar de agua, producción de alimentos, petróleo y pasivos ambientales significa también discutir quién toma las decisiones, qué intereses pesan al momento de definir el destino de un territorio y qué capacidad tienen las comunidades para intervenir en esos procesos.
En Comodoro, esas preguntas encuentran un escenario particularmente sensible. La salida de operadoras, los reclamos por reparación ambiental y la necesidad de pensar una economía regional más diversificada vuelven a colocar sobre la mesa una discusión que durante décadas quedó asociada casi exclusivamente a los ciclos de la industria. Hiller sintetiza esa mirada en una frase que atraviesa toda la convocatoria: “No es un planteo en relación al pasado; es bien un planteo en relación al futuro”.
La proyección será este lunes 5 de octubre, a las 20 horas, en el Cine Teatro Español, con entrada libre y gratuita. Más que ofrecer respuestas cerradas, la película propone abrir una discusión que la Patagonia conoce bien: después de décadas de producir energía para el país, qué capacidad tienen los territorios para decidir qué queda, qué se repara y, sobre todo, qué futuro quieren construir.
