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¿Qué pasó con Araceli?: a la joven trans se la vio por última vez en la ‘Zona Roja’

Hoy 9 de febrero se cumplen 21 años de la desaparición de “Araceli” Linares, una joven transexual, que fue vista por última vez el 9 de febrero de 1998 cuando trabajaba en la “zona roja” del centro de Comodoro Rivadavia.


Según atestiguó una compañera, la vio subir a un Ford Taunus blanco y desde entonces nunca más supieron de ella. Vestía una campera de cuero y suecos. A las prendas las hallaron junto a unos huesos, que luego se comprobaría no eran de ella, en la zona de Radio Estación. Los mismos jamás pudieron compararse con algún ADN porque fueron incinerados en la morgue judicial por el olor que despedían.

 Araceli Linares nació el 5 de junio de 1973 en Comodoro Rivadavia. Era travesti y trabajaba en la llamada “zona Roja”, por las noches a finales de los 90 en Comodoro Rivadavia. Su parada habitual, entre las 23 y las 6, era entre las esquinas de Francia, Urquiza, Ameghino y Rivadavia. Desapareció el 9 de febrero de 1998 cuando tenía 24 años. Hasta hoy nada se sabe de ella.

La causa 9720/98 nunca llegó a aclarar verdaderamente qué ocurrió con la joven trans y quién o quiénes fueron sus captores y responsables de su desaparición. El último día que su familia la vio fue el 8 de febrero cuando salió de su domicilio de Patagonia al 900 del barrio Jorge Newbery. Su hermano la acercó hasta la casa de un amigo en Pastor Schneider y Sarmiento.

A su padre, Miguel Linares -un policía retirado-, recién el 11 de febrero le tomaron una exposición policial ya que no le querían formalizar la denuncia por la desaparición hasta que no se cumpliesen las famosas 48 horas que antes se exigían para este tipo de casos.

Como era de rigor, las autoridades policiales tenían un latiguillo de ocasión: “seguro que anda por ahí, divirtiéndose; ya va a volver”. Sin embargo, tras la insistencia de su padre, un policía aceptó tomarle declaración y comenzó a castigar la Olivetti a dos dedos. Pero se trataba de una exposición y no de una denuncia formal.

LOS TESTIMONIOS

Araceli partió de su casa a las 20:30 del domingo 8 y fue vista por última vez por una compañera de parada el lunes 9 a las 6 de la madrugada cuando subió a un Ford Taunus blanco. Ese auto sería el primer indicio en la causa de la desaparición.

Cuando finalmente se formalizó la denuncia por desaparición de persona, los investigadores comenzaron a tomar testimonios entre las compañeras de calle que la habían visto por última vez. Un amigo de apellido Ponce contó que era “compañera de parada” en Italia y Rawson.

P. O., otra travesti, dijo el 13 de febrero ante la Policía que la vio esa noche de su desaparición y que al saber que no aparecía fue ella quien también organizó una búsqueda entre compañeras de la noche.

Otra en dar testimonio fue Rita, mientras Karen dijo ante diario El Patagónico el viernes 13 de febrero que Araceli la noche de su desaparición había trabajado en la esquina de Francia y Rivadavia. Pero que en un momento dado, ya no estaba más.

“Parece que se la tragó la tierra porque nadie sabe nada”, decían entonces mientras comenzaban a temer que pudieran correr la misma suerte.

A la hora de reconstruir el hecho, se aclaró que Araceli no tenía pareja estable y que siempre avisaba por teléfono si ese día no volvía a casa.

Carlota Varela y otros travestis compañeras de Linares, dieron sus testimonios ante la Policía, que a esta altura ya sospechaba que pudiera haber algo más, teniendo en cuenta que los documentos de la desaparecida habían quedado en su casa.

El miércoles 18 de febrero veinte travestis se movilizaron en la plaza Alsina bajo la consigna “acá está en juego la vida de nosotras”, reclamando porque “la Justicia nos da una sola respuesta: ‘como nosotras trabajamos en la calle, nos las tenemos que ‘aguantar’ porque sabemos los riesgos que ello implica”, dijeron aquella vez.

El viernes 20, otras 50 trabajadoras de la noche volvieron a reunirse, esta vez en Belgrano y Rivadavia. Un conductor se distrajo mirando la escena y provocó un choque en cadena. En tanto, Paola Gómez contaba que estuvo en la parada con Araceli esa noche. Y ante la prensa deslizó que a la desaparecida ya la habían amenazado en una oportunidad con un revólver. Había sido un tal “Pestaña” que continuamente la molestaba y que incluso una vez la había llevado a la fuerza hasta una casa abandonada del barrio Stella Maris.

A 9 días de su desaparición se buscó en Sarmiento y en Río Mayo, como así también en los descampados de Caleta Córdova. Es que Linares una vez al mes viajaba hacia esas localidades.

La última noche que estuvo en su casa, Araceli le dijo a su familia que volvería temprano (tal vez no pensaba trabajar), pero que ellos se arreglaran con la comida. Estaba especialmente contenta porque su madre la estaba pasando bien en Chile, adonde se había ido de vacaciones junto a otra hija. Ella había preferido quedarse.

El 3 de junio de 1998 la Policía encontró restos óseos en inmediaciones de la batería 2253 de YPF, próxima a la Radio Estación entre el Máximo Abásolo y lo que ahora es el parque eólico. Aquella vez un llamado telefónico alertó sobre 15:15 del hallazgo en el campo por parte de supervisores petroleros.

Los efectivos policiales se dirigieron al lugar y encontraron en una caja de color beige un cráneo y distintos huesos. La Policía le preguntó a uno de los hombres que encontró los restos si antes de que llegara había visto algún movimiento sospechoso, algún auto o camioneta que la hubiera arrojado allí, pero lo único que había visto era a un hombre que filmaba con una cámara desde lo alto del cerro hacia la batería de petróleo. Al parecer se trataba de un turista que estaba acompañado por unos menores.

La Policía comenzó a recorrer el lugar y halló unos zapatos de cuero, tipo suecos con una hebilla muy particular, de tacos altos y gruesos. La marca de los suecos era “Vía Uno”. No fue lo único que se encontró, sino que además se halló una campera de cuero muy peculiar, según el informe policial.

Los restos óseos fueron puestos a examen del cuerpo médico forense, quien determinó que no pertenecían todos a una misma persona y que databan de un tiempo aproximadamente a uno o dos años. Y que los mismos pertenecerían presumiblemente a un adulto y a un niño, que bien podrían ser hombre o mujer. Se remitieron los mismos al CENPAT, de Puerto Madryn.

Los suecos con hebilla fueron reconocidos por un amigo de Araceli como los que se había comprado en los últimos días, mientras que la campera de cuero también fue reconocida por la modista de la travesti.

Finalmente, el 18 de noviembre de 1999 se informó que el 29 de octubre de ese año se había procedido a incinerar todos los restos óseos que permanecían en la Morgue Judicial, junto a los órganos y vísceras, por “razones de bioseguridad” y por la “emanación de olores y gases tóxicos”.

Como responsables de la orden figuran el juez de instrucción, Jorge Carlos Pellegrini, la funcionaria fiscal Stella Maris Prada y los forenses Juan Wegors y Calixto González.

La familia de Araceli Linares se vio impedida así de someterse a un estudio de ADN para determinar si los restos óseos hallados eran de su familiar, quien continúa desaparecida desde aquel 9 de febrero de 1998. 


Fuente: Letra Roja / El Patagónico

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